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Viajes a Marrakesh

Marrakech es probablemente la más importante de las tres ciudades imperiales. La plaza Djemaa el Fna, que a simple vista parece un lugar más, a media tarde se va llenando de gente que parlotea, puestos de comida, herbolarios, curanderos... Un hervidero de gente difícil de encontrar en otras ciudades marroquíes. Otra parte esencial de la ciudad es la medina, sus calles, demasiado estrechas para permitir el paso de vehículos, hacen las delicias de los cientos de turistas que compran en sus tiendas todo tipo de artesanía, objetos de metal, cesterías, marquetería, cuero o especias. Además existen múltiples jardines donde evadirse y museos que visitar.

La Plaza Djemaa Fna es el centro de la vida diaria. No hay un lugar igual en todo Marruecos. Durante el día es una típica parada donde el visitante encontrará a algunos encantadores de serpientes, músicos, o vendedores de agua, vestidos a la manera tradicional. Pero a media tarde la plaza vuelve a la vida, con decenas de puestos vendiendo todo tipo de comida a buen precio, tiendas con hierbas medicinales, exhibiciones de forzudos, bailarinas, contadores de historias, acróbatas, monos amaestrados, músicos callejeros que tocan todo tipo de instrumentos... De visita obligada todas las noches.

Muy cerca de la gran plaza se encuentra la mezquita de Koutoubia, construida en 1147, y derruida y reconstruida de nuevo en 1199 para alinearla correctamente con la Meca. Destaca su enorme minarete de 69 metros de altura, el mas antiguo de las tres grandes torres almogávares (las otras dos son la torre de Hassan en Rabat y la Giralda en Sevilla). Aunque la mezquita esta cerrada a los no musulmanes, los alrededores son un lugar ideal para pasear.

El Palais Badli supo ser uno de los más fastuosos del mundo, aunque en estos momentos se encuentra en ruinas, ya que los materiales fueron utilizados para construir el palacio de Moulay Ismail en Meknes. Solo los muros han sobrevivido, en su interior el patio esta dividido por canales de agua que conectan diversas piscinas, ahora convertidas en huertas de naranjos, la mayor de las cuales incluso tiene una isla. Aun puede visitarse el laberinto de celdas y pasillos subterráneos, o las azoteas atestadas de cigüeñas, que ofrecen bonitas vistas de la ciudad.

Las Tumbas Sadies son una necrópolis construida a finales del siglo XVI por Ahmed el Mansour, como lugar de eterno reposo para él y sus sucesores. En un bonito jardín interior lleno de arbustos y palmeras y todo tipo de plantas exóticas, que se asemeja más a un parque para pasear que a un cementerio, hay 66 tumbas adornadas con coloridos mosaicos. El mausoleo central esta bellamente decorado con paneles de cedro y columnas de mármol gris italiano.

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